Resumir 36 años de la historia de uno de los festivales de música más importantes del Reino Unido, como es el de Glastonbury no es tarea fácil. Son muchos años en los que miles de millones de personas han ido ha adorar a sus ídolos y a vivir todo tipo de experiencias.
Para Julien Temple, no parece haber sido tan complicado como demuestra el documental que ha realizado sobre este festival. El cineasta ha recopilado (con ayuda claro está) todo tipo de filmaciones antiguas y contemporáneas, no para explicar su historia, como lo haría un reportaje al uso, sino a través de un pequeño collage en el que retrata como ha ido cambiando el festival a lo largo de estos tres décadas, donde se ha pasado del hippiesmo al new age, pasando por el rock, el punk, el heavy y la electrónica. Prueba de ellos son las actuaciones que aparecen desde James Brown a Björk.
Pero el director de otros films sobre el mundo de la música, se aleja de la recopilación de conciertos y se centra en su público, en las experiencias que se han vivido y se viven en un paradero tan sagrado como particular. Unas experiencias que distan mucho de las de sus inicios como refleja el hecho de que siantes se le daba más importancia a la libertad de experimentar todo tipo de sensaciones y emociones a través de todo tipo de sustancias (por otra parte, una de las pocas cosas que se mantiene en el festival) y crear una comuna hippie donde la libertad hacia acto de presencia a través de su reivindicación, ahora es cada vez más frecuente la defensa de un pasárselo bien, sin reflexionar como ni porqué nació ese festival. Un ejemplo lo encontramos en la actitud de y hacia los policías que si antes eran visto como represores, aunque estos sintieran curiosidad e interés por lo que hacía, ahora son los propios organizadores quien requieren de medidas de seguridad para que nadie se cuele sin pagar. ¿Dónde está la libertad del festival de los años 70? ¿Esa importancia por lo que sucedía en el festival¿ ¿Por lo que decían los artistas que subían al escenario?
Temple parece plantear todas esas preguntas gracias a una superposición de imágenes presentes y pasadas, montadas (aparentemente) al azar, sin seguir un orden cronológico, que dejan bien claro que los tiempos cambian, tanto para la música, como para los festivales y el público al que se dirigen. Todo explicado a través de una antología de imágenes de un festival que era y seguirá siendo, pese a todo, uno de los más importantes del mundo.
Joan Colás
jueves, 1 de marzo de 2007
miércoles, 28 de febrero de 2007
El espíritu de Glastonbury
Este no es el documental de uno de los festivales más importantes del rock en el mundo. Este es mas bien un retrato del espíritu del lugar que ha albergado durante 30 años la reunión masiva del sentimiento más apasionado de la música de su momento.
Digamos que es un homenaje al alma y hábitat de la fiesta. Un hábitat en el que muchos imposibles dejan de serlo. Euforia por la música, manifestaciones de causas diversas, drogas, alcohol, nudistas, jesucristos carcando su cruz, enfrentamientos con la policía, resaca, más euforia y vuelta a empezar.
Todo como si Julian Temple, director del documental, se hubiese visto ante un montón de fotografías familiares, de esas que desbordan un álbum de familia y entre las que quizá haya algunas que no digan mucho o no sean tan buenas, pero que da pena tirarlas por que pudiera quedarse en el olvido una pequeña migaja de la historia.
Si por error esperas ver algunos de los mejores momentos musicales que se han vivido en el escenario –que pueden llegar a ser cientos debido a la calidad de estrellas que lo han pisado a lo largo de su historia- se recomendaría no ser tan optimista. Son apenas unos pequeños guiños de esas imágenes las que se van repartiendo a lo largo del documental.
Poco en los escenarios, casi nada detrás de ellos. Fragmentos de canciones de David Bowie, Morrisey, Radiohead, Björk, Coldplay, Chemical Brothers, The Wailers y en milésimas de segundo James Brown. Pero estos toman menos tiempo que lo que, por ejemplo, se tomó para las escatólogicas imágenes que acompañan la entrevista del equipo que limpia la mierda de los baños portátiles que sirven al festival.
De acuerdo con que lo maravilloso de la música en vivo se debe en gran parte al sentimiento de las miles de almas que se reunen para escucharla y como homenaje a ello este documental cumple su cometido. Sin embargo la cantidad de imágenes rallan en lo excesivo, al grado que algunas de ellas dan la sensación de ya haberse visto minutos antes.
Un buen documento para los que siguen los pasos de la prestigiada carrera de Temple (tanto en cine documental como en videoclips) y para los gruppies de los eventos festivaleros a quienes quedaría recomendarles trabajos anteriores sobre este festival como: "Glastonbury Fayre" (de Peter Neal), "Glastonbury the Movie" (de William Beaton, Robin Mahoney y Matthew Salked) y "Glastonbury Anthems" (recopilación de algunas de las presentaciones más memorables en la prolongada historia del festival).
Lulú Sánchez
Documental: Glastonbury
Director: Julian Temple
Digamos que es un homenaje al alma y hábitat de la fiesta. Un hábitat en el que muchos imposibles dejan de serlo. Euforia por la música, manifestaciones de causas diversas, drogas, alcohol, nudistas, jesucristos carcando su cruz, enfrentamientos con la policía, resaca, más euforia y vuelta a empezar.
Todo como si Julian Temple, director del documental, se hubiese visto ante un montón de fotografías familiares, de esas que desbordan un álbum de familia y entre las que quizá haya algunas que no digan mucho o no sean tan buenas, pero que da pena tirarlas por que pudiera quedarse en el olvido una pequeña migaja de la historia.
Si por error esperas ver algunos de los mejores momentos musicales que se han vivido en el escenario –que pueden llegar a ser cientos debido a la calidad de estrellas que lo han pisado a lo largo de su historia- se recomendaría no ser tan optimista. Son apenas unos pequeños guiños de esas imágenes las que se van repartiendo a lo largo del documental.
Poco en los escenarios, casi nada detrás de ellos. Fragmentos de canciones de David Bowie, Morrisey, Radiohead, Björk, Coldplay, Chemical Brothers, The Wailers y en milésimas de segundo James Brown. Pero estos toman menos tiempo que lo que, por ejemplo, se tomó para las escatólogicas imágenes que acompañan la entrevista del equipo que limpia la mierda de los baños portátiles que sirven al festival.
De acuerdo con que lo maravilloso de la música en vivo se debe en gran parte al sentimiento de las miles de almas que se reunen para escucharla y como homenaje a ello este documental cumple su cometido. Sin embargo la cantidad de imágenes rallan en lo excesivo, al grado que algunas de ellas dan la sensación de ya haberse visto minutos antes.
Un buen documento para los que siguen los pasos de la prestigiada carrera de Temple (tanto en cine documental como en videoclips) y para los gruppies de los eventos festivaleros a quienes quedaría recomendarles trabajos anteriores sobre este festival como: "Glastonbury Fayre" (de Peter Neal), "Glastonbury the Movie" (de William Beaton, Robin Mahoney y Matthew Salked) y "Glastonbury Anthems" (recopilación de algunas de las presentaciones más memorables en la prolongada historia del festival).
Lulú Sánchez
Documental: Glastonbury
Director: Julian Temple
martes, 27 de febrero de 2007
Los Borbones
Indumentaria a lo cavernícola futurista, replicas del casco de Mazinger Z en sus cabezas e instrumentos fabricados con cosas sacadas de la basura o de la casa de sus madres, hacen pensar que los tres punkarras salvajes que componen la agrupación Los Borbones, lo único que tienen en común con los humanos es que beben cerveza.
Tras digerir esta primera impresión de la banda valenciana, se entiende por que el documental Los Borbones se colocó entre los favoritos del jurado en la cuarta edición del Festival de Cine Documental Musical In-Edit de Barcelona.
Y es que ser imprescindibles en este caso no tiene nada que ver con atributos sonoros, sino con una inédita y divertida locura que pone en juego piezas de un puzzle como: “charanga trash”, “chatarra sonora”, “basura rocanrolera”, “ganas de juerga”, “mucho morro”, y el infaltable “do it yourself” del punk de toda la vida.
¿Pero qué sería de este documental si sus protagonistas no fueran tan peculiares?
Captados en su hábitat natural por la lente de las realizadoras Pilar Velásquez y Anaiss Bartual, Fela Borbone, Paloma Borbone y Manolo Borbone hablan de su autodenominado sonido “Pedo de Satán” y de algunas otras de las retorcidas ideas que dan vida a su auténtico proyecto.
A este divertido mundo es al que corresponde el valor del documental, ya que mientras menos adornos visuales y más naturalidad en el argumento, permiten al espectador darse una idea más precisa del mundo de Los Borbones.
Tal vez no fue tan sencillo como encender una cámara y dejar que el trío hiciera el resto, pero algo hay de eso.
“Parecen sacados de un cómic, pero son reales”, declara en el documental uno de los músicos valencianos que conoce y ha compartido escenario con estos creadores de chatarra sonora.
El cuarto de estudio, algunas presentaciones y otros de sus espacios de trabajo habitual, son los escenarios en los que se recrea el mundo de estas estrellas del “rocanrol por el puto morro” y que dan motivos para seguir creyendo que el aporreo de instrumentos seguirá manteniendo viva la pinchada vena del rocanrol.
Lourdes Sánchez
Tras digerir esta primera impresión de la banda valenciana, se entiende por que el documental Los Borbones se colocó entre los favoritos del jurado en la cuarta edición del Festival de Cine Documental Musical In-Edit de Barcelona.
Y es que ser imprescindibles en este caso no tiene nada que ver con atributos sonoros, sino con una inédita y divertida locura que pone en juego piezas de un puzzle como: “charanga trash”, “chatarra sonora”, “basura rocanrolera”, “ganas de juerga”, “mucho morro”, y el infaltable “do it yourself” del punk de toda la vida.
¿Pero qué sería de este documental si sus protagonistas no fueran tan peculiares?
Captados en su hábitat natural por la lente de las realizadoras Pilar Velásquez y Anaiss Bartual, Fela Borbone, Paloma Borbone y Manolo Borbone hablan de su autodenominado sonido “Pedo de Satán” y de algunas otras de las retorcidas ideas que dan vida a su auténtico proyecto.
A este divertido mundo es al que corresponde el valor del documental, ya que mientras menos adornos visuales y más naturalidad en el argumento, permiten al espectador darse una idea más precisa del mundo de Los Borbones.
Tal vez no fue tan sencillo como encender una cámara y dejar que el trío hiciera el resto, pero algo hay de eso.
“Parecen sacados de un cómic, pero son reales”, declara en el documental uno de los músicos valencianos que conoce y ha compartido escenario con estos creadores de chatarra sonora.
El cuarto de estudio, algunas presentaciones y otros de sus espacios de trabajo habitual, son los escenarios en los que se recrea el mundo de estas estrellas del “rocanrol por el puto morro” y que dan motivos para seguir creyendo que el aporreo de instrumentos seguirá manteniendo viva la pinchada vena del rocanrol.
Lourdes Sánchez
jueves, 22 de febrero de 2007
Zidane a ritmo de post-rock
Un día de 2005 el escocés Douglas Gordon y el francés Philippe Parreno, referentes mundiales de la videocreación, instalaron diecisiete cámaras en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid con el objetivo de grabar a Zinedine Zidane durante un partido de su equipo, el Real Madrid, contra el Villarreal. Pero, el objetivo no era filmar el partido, sino al jugador, sus reacciones desde un punto de vista original. El resultado fue la película “Zidane, un retrato del Siglo XXI”, estrenada en el último Festival de Cannes y aclamada mundialmente. Los artistas no se quedaron allí, y crearon una instalación especial para ser exhibida en museos que poco después llegó al MOMA de Nueva York.Una vez filmadas, las imágenes sobre el astro francés tenían que ir acompañadas por una melodía que reforzara el conjunto de la película. Los elegidos para la ocasión fueron los escoceses Mogwai, cuya música, sin duda, parece ideal para una banda sonora. Formados en 1995, han conseguido llegar a ser una de las banda de post-rock más influyentes y reconocidas en el panorama musical.
"Zidane a 21st Century Portrait. An Original Soundtrack" fue grabado en los estudios que el grupo tiene en Castle of Poan, en su natal Escocia. El resultado és una banda sonora que eleva la calidad de la película. Mogwai relajan el ruido de sus
guitarras y construyen piezas de post-rock contenidas y lentas, ideales para acompañar las imágenes en las que se apoya. En cortes como el inicial Black Spider, en Time and a Half y en Black Spider 2 los de Glasgow se alejan de la rabia, y se centran en crear atmósferas cargadas de tensión y emoción. En Half Time, It would have happened anyway o I do have weapons renuncian al lenguaje del post-rock como lo conocíamos en ellos, buscando melodías tristes y atemporales.Mogwai aprovechan la realización de esta banda sonora para experimentar y llevar su obra un paso hacia delante. Los directores de la película afirman: “Les pedimos música que sirva para mostrar hasta qué punto se puede concentrar un jugador como Zidane dentro de la cancha. Y construyeron una música rica y compleja que cubrió todas nuestras necesidades”. El conjunto lo configuran diez temas de estructuras difusas e innovadoras que lo convierte en uno de sus mejores discos en su ya dilatada carrera.
Jesús Palacios
martes, 20 de febrero de 2007
La rutina espiritual
La primera vez que escuché el primer tema de “Mística doméstica” de Roger Mas, me pareció estar ante una especie de Travis al estilo catalán (eso si, el Travis de “12 memories”). Quizás no andaba muy desencaminada ¿quién sabe? El caso es que este joven cantautor nacido en Solsona, nos presenta un quinto trabajo arropado de un sugerente título que sin duda nos incita, por lo menos, a inmiscuirnos en la ironía del día a día, de lo doméstico; aquello que con el tiempo se ha ido convirtiendo en algo rutinario y ha perdido el valor de novedad, pero que haciendo una lectura diferente, más profunda, de nuestro pan de cada día, encontraremos ese valor espiritual, subjetivo y relevante, escondido: la mística. Y de esta singular forma, descubrimos un disco sencillo aparentemente, pero que en su sencillez acoge todas las complicaciones y variaciones que hacen de lo cotidiano y natural, algo especial, trabajoso e íntimo. Es por ello, que Roger Mas suena a cantautor si analizamos las piezas aisladamente, pero los sutiles y logrados matices y las fusiones de estilos, lo van separando paulatinamente del tópico. Arreglos sorprendentes a base de instrumentos dispares y, sobre todo, letras cargadas de ironía como lo es la vida misma. En la coctelera, todo mezclado, es cuando llega la mística, y el disco alcanza su verdadero valor artístico.
Ceci.Díaz
Ceci.Díaz
domingo, 18 de febrero de 2007
Costumbrismo, palmas y trapicheo
Hace tiempo que quería escribir sobre G5, desde que supe de ellos a finales de noviembre. Oí una canción –Los cuarenta forajidos- e identifiqué a Muchachito entre otros. Sonaban frescos, divertidos, de ritmo trepidante y callejero, arropados por guitarras flamencas, bajo, percusión, sin olvidar el bombo.
Así fue como conocí el nuevo proyecto del llamado “grupo fantasma” G-5, formado por Kiko Veneno, Muchachito (Bombo Infierno), Tomasito, Canijo y Ratón (de Los Delincuentes). Ellos recuperan el espíritu callejero de grupos emblemáticos como Pata negra o Veneno. Las doce canciones que componen Tucaratupapi rezuman energía, naturalidad, alegría, locura y mucho mucho buen humor. A la par, que tiran algún que otro dardo envenenado. ¿Intención política en el nombre del grupo? “Sí” – contestan en una entrevista. “Nosotros también tenemos la intención de gobernar el mundo, incluyendo China y Japón. Queremos sacar de circulación a todos los caralápidas (…) Lo que pasa es que sabemos que no lo vamos a conseguir”. De ahí el nombre del grupo, emulando a los G-14, G-8, etc, que se reúnen de vez en cuando para hablar del mundo mundial. Ellos son 5, G-5, y son amigos. Colaboran unos con otros y se divierten. Así pues, nació este divertimento, que no saben si tendrá continuidad. “No tenemos nada pensado a largo plazo: sólo pensamos en grabar unos temas, pasarlo bien y dárselos a la gente para que los escuche” dice Tomasito.
Así fue como conocí el nuevo proyecto del llamado “grupo fantasma” G-5, formado por Kiko Veneno, Muchachito (Bombo Infierno), Tomasito, Canijo y Ratón (de Los Delincuentes). Ellos recuperan el espíritu callejero de grupos emblemáticos como Pata negra o Veneno. Las doce canciones que componen Tucaratupapi rezuman energía, naturalidad, alegría, locura y mucho mucho buen humor. A la par, que tiran algún que otro dardo envenenado. ¿Intención política en el nombre del grupo? “Sí” – contestan en una entrevista. “Nosotros también tenemos la intención de gobernar el mundo, incluyendo China y Japón. Queremos sacar de circulación a todos los caralápidas (…) Lo que pasa es que sabemos que no lo vamos a conseguir”. De ahí el nombre del grupo, emulando a los G-14, G-8, etc, que se reúnen de vez en cuando para hablar del mundo mundial. Ellos son 5, G-5, y son amigos. Colaboran unos con otros y se divierten. Así pues, nació este divertimento, que no saben si tendrá continuidad. “No tenemos nada pensado a largo plazo: sólo pensamos en grabar unos temas, pasarlo bien y dárselos a la gente para que los escuche” dice Tomasito.Bajo esta premisa se forjó Tucaratupapi (que alude al grito de guerra que lanzan para marcar el ritmo). El disco se materializó en tiempo récord: en menos de una semana ya tenían una docena de temas acabados, y se grabó este verano en Jerez. El resultado es un disco fresco, fresco, sin producción. Ellos mismos han dicho: “La grabación ha sido de lo más cutre, micros por todos lados (…) sin auriculares. En la misma habitación todo el mundo, tocando a la vez…”. Y así reivindican su condición de grupo de música callejera, emparentado con Los Chunguitos, Los Chichos y Las Grecas.
Es de agradecer que en un tiempo donde la producción y los arreglos lo son todo, o casi todo, haya un grupo de músicos –todos ellos con una sólida carrera personal-, que se reúnan y se ilusionen por componer y tocar juntos, por llevar a cabo un proyecto, donde la libertad creativa entronca con la tradición sureña más popular. Se lo pueden permitir y encima les sale bien. Han grabado bajo el sello Elemúsica, propiedad de Kiko, y han firmado un acuerdo de distribución con EMI/VIRGIN del que dicen estar satisfechos. Así pues, todos contentos. Y nosotros, a disfrutar de esas canciones que casi parecen directos, donde se celebran la tortilla y el jamón, además de temas costumbristas o títulos del todo surrealistas (La oreja baila sola), siempre bañados en afilada ironía.
Al escuchar el disco te adentras en ese ambiente de bodega que se respira. Es como si los vieras allí reunidos, tan contentos, cantando El vino y el pescao (declaración de principios): “Hay que ir a la freiduría / lo demás son tonterías / se mojó el papel / y no se puede leer / llena la copa otra
vez”. Hay temas muy flamencos como Pitágoras, donde la guitarra flamenca es la protagonista, junto con las palmas y el zapateao de Tomás. Otros recuerdan la banda sonora de una película de Kusturica, esos llevan el sello de Muchachito y su bombo, por ejemplo La oreja baila sola. Algunas canciones juegan con un cambio de ritmo: empiezan como un cosa y acaban en otra. Callao empieza como una canción de cuna: Calla, calla / o habla para siempre / lo que tengas que decir / dilo para siempre “, para continuar por peteneras: “ el despertador / la cuchara / el sujetador de tu hermana / el calor / la lavadora …”, demostrando su humor surrealista. G-5 es una declaración de intenciones: “El G-5 ya ha llegado / siempre tieso y despeinado / personajes callejeros / luchando contra rateros / despeinando el mundo entero”. 40 forajidos es un tortilla-western donde el banjo y el arpa de boca destacan. Día de promoción suena a chirigota de Cádiz, cuenta la anécdota de un día en televisión. Y el disco cierra con Ay omá, un final improvisado a lo beatboxing donde cantan “a las papas aliñás”.
vez”. Hay temas muy flamencos como Pitágoras, donde la guitarra flamenca es la protagonista, junto con las palmas y el zapateao de Tomás. Otros recuerdan la banda sonora de una película de Kusturica, esos llevan el sello de Muchachito y su bombo, por ejemplo La oreja baila sola. Algunas canciones juegan con un cambio de ritmo: empiezan como un cosa y acaban en otra. Callao empieza como una canción de cuna: Calla, calla / o habla para siempre / lo que tengas que decir / dilo para siempre “, para continuar por peteneras: “ el despertador / la cuchara / el sujetador de tu hermana / el calor / la lavadora …”, demostrando su humor surrealista. G-5 es una declaración de intenciones: “El G-5 ya ha llegado / siempre tieso y despeinado / personajes callejeros / luchando contra rateros / despeinando el mundo entero”. 40 forajidos es un tortilla-western donde el banjo y el arpa de boca destacan. Día de promoción suena a chirigota de Cádiz, cuenta la anécdota de un día en televisión. Y el disco cierra con Ay omá, un final improvisado a lo beatboxing donde cantan “a las papas aliñás”.La libertad y la improvisación se dan la mano con el flamenco, el rock, la rumba, el punk, el rap, etc., todo cabe en este saco que es "Tucaratupapi". Larga vida al G-5 (o al
G-6, G-8 o cualquier reunión futura).
G-6, G-8 o cualquier reunión futura).
Sílvia Badia Serra
lunes, 12 de febrero de 2007
Nada es lo que parece
Nada es lo que parece. O lo que parecía. Como decía en el primer artículo que publiqué, en sus inicios Dover parecía un grupo de rock español con coherencia, que defiende sus ideas y sus propuestas, aunque sea arriesgado hacer rock en inglés, en un mercado como el español donde los únicos españoles que triunfan hacen pop y si se canta en inglés has de ser extranjero. Pero ese discurso coherente de Dover, se empezó a diluir con su nuevo disco, en el que se pasaron al pop retro, con influencias de la música disco.
Para algunos fans es una evolución, para otros un bache. Pues bien, para los que piensen que "Follow the city lights" es un bache, que sepan que ese bache ha crecido y se convirtió en un pozo. Y la culpa es de Alaska. Aunque a medias. En el nuevo single de Olvido Gara y Nacho Canut, aparece una cara B, en el que Fangoria y Dover reversionan ni más ni menos que Yes sir. Sí, sí, ¡la canción de las Bakara! Que está bien que Alaska lo quiera hacer, va con su estilo. ¿Pero Dover?
Creo que las excusas de que le gusta la música disco y que por eso hizo así su último álbum. No vale para Yes, sir. Ya no se trata de música disco, sino que se aleja de cualquier referente que hayan podido seguir hasta hora este grupo de rock.Que conste que no tengo nada en contra de Bakara, a quien le guste perfecto. Pero, lo que no consiento es que un grupo que, como Dover, con una trayectoria muy sensata, con una línea y un estilo musical muy definido, pase ahora a hacer este tipo de experimentos... No me convence. Porque, espero, como muchos de sus fans, que esto se trate de un proceso, de una prueba con nuevos sonidos con los que poder jugar y hacer un buen disco rock con sonidos diferentes, y seguir ofreciendo a su público que le siguen desde sus inicios la música que los hizo particulares y una esperanza dentro del panorama musical patrio.
Joan Colás
Para algunos fans es una evolución, para otros un bache. Pues bien, para los que piensen que "Follow the city lights" es un bache, que sepan que ese bache ha crecido y se convirtió en un pozo. Y la culpa es de Alaska. Aunque a medias. En el nuevo single de Olvido Gara y Nacho Canut, aparece una cara B, en el que Fangoria y Dover reversionan ni más ni menos que Yes sir. Sí, sí, ¡la canción de las Bakara! Que está bien que Alaska lo quiera hacer, va con su estilo. ¿Pero Dover?
Creo que las excusas de que le gusta la música disco y que por eso hizo así su último álbum. No vale para Yes, sir. Ya no se trata de música disco, sino que se aleja de cualquier referente que hayan podido seguir hasta hora este grupo de rock.Que conste que no tengo nada en contra de Bakara, a quien le guste perfecto. Pero, lo que no consiento es que un grupo que, como Dover, con una trayectoria muy sensata, con una línea y un estilo musical muy definido, pase ahora a hacer este tipo de experimentos... No me convence. Porque, espero, como muchos de sus fans, que esto se trate de un proceso, de una prueba con nuevos sonidos con los que poder jugar y hacer un buen disco rock con sonidos diferentes, y seguir ofreciendo a su público que le siguen desde sus inicios la música que los hizo particulares y una esperanza dentro del panorama musical patrio.
Joan Colás
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